Flamenco
"Me encantaría aprender flamenco, pero ya soy mayor para eso." Es un mito que conviene desmontar: el flamenco no exige una flexibilidad imposible, es ante todo ritmo y sentimiento.
Lo primero no son los pies, sino el oído: el compás. Después llega el braceo y, poco a poco, el zapateado, con una progresión que cuida las articulaciones.
Sevillanas y flamenco: ¿son lo mismo? Bailar para ponerte en forma: el ejercicio más divertido
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